- No sé qué termino pasando con cada uno de ellos por separado. Sólo sé que ella se puso a hacer la valija en cámara lenta, con el lagrimal desgarrado y con la esperanza viva, por si acaso.
- Pero si se querían un montón, o eso parecía. Me cuesta creerlo.
- Sí. Eso es lo que sé, bueno…eso y que él nunca supo lo cerca que estuvo ella de hacerle feliz.
- ¿Por?
- Porque sí…porque las personas, en realidad, somos momentos. Y los momentos, a veces se estropean demasiado, hasta el punto de no poder retroceder ni solucionar nada. Una lástima. ¿No crees?
- Me parece tan triste que no quiero creer que dos personas que se quieren tengan que separarse. Prefiero creer que en realidad dejaron de quererse o que nunca se quisieron. Prefiero incluso creer que el amor no existe, y que por eso pasan estas cosas, porque nos creemos que existe.
- Vos podes creer lo que quieras. En realidad, no hay ninguna verdad, ni ninguna mentira. Todos tenemos nuestro propio concepto válido, según las circunstancias de cada uno; lo que hayamos vivido o nuestro límite. Nadie sabe la verdad absoluta, porque la verdad absoluta, no existe.
- ¿Entonces? ¿Cómo se supone que tenemos que actuar? ¿Por qué es todo tan complejo?
- Jajaja, no te pongas mal. Yo no sé cómo tenemos que actuar. Nadie lo sabe.
- Seguro que hay alguien. Somos muchos en el mundo. Habrá alguien que sepa lo que hace, y cómo actuar.
- ¡Puede ser! Es una opinión. Y ahora vamos, que hace frío. No te preocupes, ella ya se había hecho la maleta varias veces. Se lo esperaba.
- ¿Sí? ¿Y por qué aguantó tanto tiempo?
- ¡Ay, yo que sé! Ya te dije que todos tenemos un límite. Y deja de hacerme preguntas, nunca sabremos lo que pasó.
oriana

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